lunes, 25 de agosto de 2008

Los titos

Lo de los abuelos, más o menos, lo tengo claro. Pero con los titos tenga la pisha hecha un lío... A ver, ¿quién se supone que ha de ser mi tío? Porque, por ahora, he contado como cuarenta (más o menos). Y cuando empiezan a hablarme de tíos-abuelos y cosas así, ya sí que me pierdo. En fin, mientras ellos se aclaren y me hagan regalos, no hay problema.

Por parte de mi papi, la cosa parece fácil: tengo una tita que, no sé por qué, tiene un ratón y come bolitas de anís. Además, se fue hace tiempo a un sitio muy lejano y ni me llama ni nada (cuando la vea se va a enterar).

Pero con mi mami la cosa se complica. Entre titos, titos-abuelos y titos-políticos no hay quién se aclare. A los que más veo son al tío Kike y a la tía Bea. A Kike creo que le gusta la música y que no tiene espejos en casa; Bea, en cambio, tiene dos grandes espejos en vez de ojos.


Bueno, queridos tíos, que os organicéis en condiciones, que ya ha pasado mi santo y mi cumple-seis-meses y no he visto ná de ná :-(

jueves, 21 de agosto de 2008

Mis abuelos

Como os decía, os voy a hablar de la gente que he conocido en estos seis meses.

Al primero que conocí fue a mi abuelo Enrique, que vino a verme a Francia el día después de nacer por lo que deduzco que no entendió bien eso de que mis papis querían estar unos días solitos conmigo tranquilamente (a lo mejor es que también habla otro idioma, como mi farmor). En fin, qué decir de mi abuelo: es del Betis, y le apasionan los toros y la Semana Santa. Las dos últimas cosas, pasen. Pero, con lo primero... ¿de verdad pretendes ser mi mejor amigo?


Después conocí a mi abuelita Rosy. Según he podido entender, ayuda a la gente con unas terapias de no-sé-qué-cosa-rara (pero, entre nosotros, yo creo que está como una cabra y no hace más que insistir en que me den papillas de bote y pretende que me coma limones "aliñaos").


Y después está mi farmor (o como se diga). Yo creo que también es mi abuela, pero como habla tan raro, pues no se le entiende (tiene que venir de Dinamarca, por lo menos). Mi farmor vive en una casa muy chula con piscina y todo, y me ha reservado una habitación para mí solito (creo que antes era de mi papá, pero seguro que no le importa. Bueno, y si le importa que se aguante, que para algo yo soy el pequeño).


No tengo muy claro para qué sirven los abuelos, pero por ahora no están mal: me hacen muchos regalos, me dan muchos besos y seguro que, cuando mis papis no miren, me dejan hacer muchas cosas divertidas.

martes, 19 de agosto de 2008

Bienvenidos a mi blog.



Pues no sé cómo habrás llegado a parar aquí, pero ya que estás, te voy a contar la de cosas que me han pasado en los últimos seis meses...

Tal día como hoy, hace seis meses, nací. Y se dice pronto, pero tardé unas treinta y pico horas en salir (jo, con lo calentito que se estaba dentro y lo fácil que era todo, a ver a quién le apetece salir).

Por cierto, nací en Francia, en un pueblo de Estrasburgo (cosas de mis papis, que están colgados; a ver, si eres de Sevilla, a cuento de qué te tienes que ir a tener un niño a Estrasburgo, con el frío que hace allí en invierno).

La primera decepción me la llevé al llegar a mi nueva casa. En la barriga, yo pensaba: "qué bien, cuando salga de aquí seguro que voy a una casa enorme con muchas habitaciones". ¡Y una mierda! Van y me meten en una caja de cerillas sin cuarto para mí ni nada ¿Dónde está mi intimidad? Menos mal que aquello duró poco. Después de un mes entero protestando, decidieron hacerme caso y nos fuimos de allí a una casa de verdad, y donde la gente habla normal (bueno, todos menos una señora que dice que es mi farmor, que no sé muy bien qué significa, pero a la que me costaba mucho entenderla al principio).

Una de las cosas que me han enseñado mis papis es a dormir. A ver, como si yo no supiera. Lo que pasa es que duermo cuando me da la gana. Es que hay que ver la manía que tienen de querer dormir más de tres horas seguidas, con la de cosas que hay que hacer!! En fin, para que se calmen un poco, ahora, cuando me meten en la cuna, y después de marearles un rato, me hago el dormido para que se lo crean. Eso sí, cuando escucho que se van a acostar, me despierto para jugar un rato con ellos.

También he aprendido a coger cosas con las manos: la comida de la mesa, los papeles importantes (que, además, se arrugan y rompen con mucha facilidad), el pelo de la gente que me cruzo por la calle...

Ahora estoy aprendiendo a gatear. Seguro que mis papis se lo pasan muy bien cuando pueda gatear por mi cuenta y moverme de un sitio a otro y cogerlo todo. ¡Nos lo vamos a pasar de bien!

Bueno, he hecho muchas más cosas, pero tampoco voy a contarlas todas ahoras, no? El próximo día te cuento cómo es la gente que he conocido hasta ahora (algo parecido a un zoo, vamos).